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Pectus Carinatum y Pectus Excavatum
Pectus Excavatum

Testimonios

Testimonio de Ernesto (19 años)

Hola a todos, mi nombre es Ernesto, tengo 19 años, vivo en la Ciudad de Buenos Aires Argentina y mi deseo es de que mi testimonio sirva para ayudar y animar a todos aquellos niños, jóvenes y adultos, que padecen de Pectus Excavatum, (hundimiento del torax).
Desde mi nacimiento y durante mi niñez apenas si se podía notar algo pero luego en mi adolescencia se agravo de una manera alarmante, a tal punto que yo mismo me veía como un “monstruo”, el pecho lo tenía hundido de una manera horrible.
Con esa deformación yo padecí muchísimo, porque me daba vergüenza ir a la pileta, quitarme la remera, practicar algún deporte o juego con otros chicos de mi edad, etc. Temía que en algún momento alguien se diera cuenta de lo que tenía en mi pecho, o que accidentalmente llegaran a ver mi malformación y se burlaran de mí, que me miraran mal y se asusten al verme pero lo que mas temía es que me bombardeen con miles de preguntas como por ejemplo: que me había pasado, si había sufrido algún accidente, por qué tenia el pecho asi , desde cuando, etc. etc, y no saber que respuestas darles y además me incomodaba hablar de ese asunto.
También me limitaba físicamente, al correr o al practicar deportes, me agitaba mucho. Mis padres me hicieron ver con varios médicos, pediatras, cirujanos, etc y nos daban distintas respuestas, por ejemplo: “con el tiempo es posible que se corrija”, “con una buena gimnasia se va”, “que practique natación”, otros... “hay que operar, pero la operación es muy cruenta, es mejor que te quedes así”, etc.
Y como al pasar el tiempo mi tórax se agravaba cada vez mas, desesperado decidí, con el acuerdo de mis padres, operarme con el método de “cirugía tradicional” que nos había aconsejado un cirujano infantil aunque sabia que me iban a quedar grandes cicatrices.
Poco después ya tenía fecha para la operación y mientras se aproximaba el día de la cirugía mi papá buscaba información en las páginas de Internet, información relacionada a pectus y técnicas de corrección, de ese modo nos enteramos que existía un método menos cruento, urgente mi papá decidió hacer una última consulta con otros cirujanos especialistas.
Allí fue que gracias a Dios dimos con los Doctores Ferro y Fraire, quienes después de un minucioso examen, me aconsejaron realizar una cirugía toracoscópica para el implante de una prótesis correctiva llamada “barra de Nuss” que expandiría mi tórax a la posición normal, con un sistema mucho menos invasivo y cruento, además la cicatriz seria pequeña . Nos explicaron que hacia mucho tiempo que practicaban estos implantes con mucho éxito, nos inspiraron confianza y eso nos animó de gran manera, porque sinceramente tenia muchísimo miedo a la cirugía tradicional.
Mi papá rápidamente solicito la suspensión de la cirugía tradicional porque decidimos que seria mucho mejor con la nueva técnica.
Con muchas ansias y expectativas pronto llego el día de la cirugía y en medio de la operación los doctores resolvieron que para una buena corrección era necesario colocar 2 prótesis paralelas y así lo hicieron y la cirugía fue un éxito.
Luego vino la etapa de recuperación, me sentía un poco extraño con las prótesis en mi tórax pero me alegraba ver el notable cambio y como me había corregido el pecho.
Mas allá de que mi recuperación tuvo una situación especial, agradezco a Dios y a los cirujanos que me operaron, esto a mí me cambió la vida, ahora puedo hacer todo lo que antes no hacia, mi ánimo y autoestima han cambiado enormemente. Un saludo cordial a todos.

Testimonio de Mauro (15 años)

Mi nombre es Mauro y hoy tengo quince años, a mi me operó el doctor Martínez Ferro en Fundación Hospitalaria el 28 de agosto del 2007. A continuación voy a contar sobre mí, antes, durante y después de la operación.
Desde que nací que tenía el esternón hundido pero de chico no se notaba tanto, mucho no me importaba porque la gente no lo notaba ni tampoco me decía nada, pero a medida que iba creciendo se me notaba mas y empecé a notar que cuando me sacaba la remera la gente me miraba y eso me daba vergüenza, entonces cada vez me sacaba menos la remera, hasta que en el verano del 2006 cuando me fui de vacaciones a Mar de Ajo solamente me sacaba la remera para poder ir al mar y una vez que salía me la volvía a poner porque no me gustaba que la gente me viera con el pecho hundido. Hasta que un día les dije a mis papas que quería operarme para no pasar más vergüenza y ellos me dijeron que iban a averiguar.
Varios médicos ya me habían dicho que haciendo deportes o natación esto iba a mejorar, pero esto no ocurrió, me hicieron varios estudios donde se veía que además de tener el esternon muy hundido mi capacidad respiratoria era menos de la normal.
Mi pediatra me derivo al doctor Martinez Ferro que me comento que operaba con una nueva técnica.
El doctor me contó como era la operación y en mi caso me iban a colocar dos barras, que las tendría que llevar durante tres años. Luego de hacerme todos los estudios previos a la operación llegó el día esperado.
El día de la operación llegamos al mediodía, antes de pasar al quirófano vino la anestesista a hablar un rato largo conmigo, me explico algunos detalles de la operación y me contó de un catéter que me iban a dejar colocado en la espalda para que no sintiera dolor en los dos primeros días. Cuando me desperté de la anestesia ya estaba en terapia y los primeros dos días no me podía mover mucho, los enfermeros me ayudaron y todo el tiempo que los necesité ellos estuvieron al lado mío. Al quinto día me pasaron a una sala común, ahí ya pude ver bien como había cambiado mi pecho, había quedado perfecto, un verdadero milagro.
Al volver a mi casa, luego de unos días tuve una complicación, la herida del lado izquierdo supuraba constantemente y pese a que hicimos varios intentos por curarlo, el 23 de septiembre tuve que pasar nuevamente por el quirófano para que el doctor me haga una limpieza quirúrgica. Me coloco un nuevo sistema con una esponja especial que me dejaron colocadas durante dos días (en los cuales volví a estar en terapia) después de esto estuve un par de días en una sala común y volví a mi casa nuevamente.
A partir de ese momento fui volviendo de a poco a mi vida normal, volví al colegio, a hacer deportes (además trabajé con una kinesióloga que me mandó una serie de ejercicios) y el verano siguiente volvimos a ir de vacaciones a la playa donde ya no tenia ningún complejo y ningún problema en sacarme la remera.
Para terminar quiero agradecer al Dr. Martínez Ferro, al Dr. Fraire y a todo el plantel de la Fundación Hospitalaria que me trataron tan bien en todo este tiempo.